Enric Julian premiado con el Pepito Zamora 2025

El premio Pepito Zamora en su sexta edición ha sido para “un niño de posguerra sin
importancia”, como él mismo se ha definido durante la gala de entrega de galardones de la
Noche Premios Sitges al Matadero Centro Cultural Joan Maragall.
Por su tarea de preservación de los documentos y de la memoria del colectivo gay de Sitges,
Enric Julián se ha hecho merecedor del Pepito Zamora de este año, pero también por la lucha
de las personas homosexuales en la defensa de sus derechos. Julianen, el alter ego cibernético
de Enric Julián, ha estado testigo de las transformaciones sociales y ha sabido transmitir con
entusiasmo las historias de una época oscura, la de la dictadura española que reprimía
cualquier intento de disidencia, especialmente la sexual. La persecución de la diferencia creó
campos de trabajo donde eran encarcelados los hombres que no seguían la norma afectiva del
género que se los asignaba biológicamente.


Enric Julian Falgà nació en la Barcelona de la posguerra, en 1942, en el sí de una familia de
clase media trabajadora. En la escuela Pia de la ronda Sant Antoni de muy pequeño coincidió
con Ramon Moix, otro niño de la posguerra que encontró en la literatura y el cine una vía de
escape y de libertad ante la opresión de un gobierno militar y fascista, obsesionado en la idea
unitaria de una patria que era madre que ahogaba sus hijos. El joven Quique entró a trabajar
en una agencia de aduanas al mismo tiempo que se iniciaba en el espíritu deportivo del Club
de Natación de Barcelona donde encontró amigos y compañeros de vida. Fueron estos amigos
quién lo introdujeron en las actividades culturales, el teatro de arte y ensayo y el cine de la
filmoteca, únicos espacios donde se podía respirar un poco del aire abierto a la crítica o al
pensamiento liberado del yugo absolutista y nacional-católico del régimen instalado en el
poder.

Testigo de excepción Enric Julián ha tomado conciencia de su identidad disidente y en un
momento dado pidió que lo borraran de las listas donde figuraba como católico, ante la condena que el papa polaco hizo de la homosexualidad, él apostató como respuesta al inmovilismo y al obcecamiento del estamento religioso en la visión ortodoxa y patriarcal de la sociedad. Una sociedad que avanzaba a grandes pasas superando los corsés y las fajas que querían esconder la naturaleza humana y la diversidad de las identidades sexuales y o afectivas.


Protagonista del despertar de un movimiento de liberación sexual, Julianen, vive en el día y anda abriendo vías y definiendo sentimientos de los que se siente orgulloso y digno adalid.
Contaru matrimonio con Francesc Reina, compañero con quien construye nuevos pesebres y florecidas ramas de relación donde el arte tiene un papel fundamental. Confraterniza con la colonia gay sitgetana haciéndose valedero y estableciendo residencia estival y de fin de semana, en la céntrica calle Sant Francesc, disfrutando de la cultura cosmopolita y metropolitana.

Él conoció personalmente José Zamora y perteneció al grupo de amigos que el 1974 llevaron a
cabo una revista, álbum, fanzin gay que bajo el nombre de New Queens Screen (Nuevas reinas
de la pantalla) homenajeaba el figurinista madrileño y se reía del muerto y de quien el
velatorio. Con esta publicación casera consiguieron reunir 6.800 pesetas que tendrían que
haber sido destinadas a una lápida por el nicho donde era enterrado desde 1971. Pero no pudo
ser y fueron las hijas de la Caridad de san Vicenç de Paül, denominadas popularmente las
hermanitas de los pobres, quienes recibieron el dinero como donativo a nombre de Pepe
Zamora Vaixeras de aquella colecta solidaria y quiebra puesto que el nicho era de beneficencia
(el bloque dado por Josepa Brell al cementerio de Sitges).


Otros artistas llegaron a Sitges y Enric Julián los conoció compartiendo alegrías y penas,
descubriendo las esencias del arte, exponiendo también con ellos bajo el pseudónimo de
Gabriel Rocha, en una muestra a la Galería El Centauro el 1975 con un texto de presentación
de Terenci Mustio, el antiguo compañero de los Escolapios. Y con Peter Todd Mitchell y con
Eugenio Servin entre muchos otros artistas departía la joya del vivir y la tragedia del morir.

Y he aquí que después de otra pandemia, aquella primera del Sida no la podemos olvidar
nunca, trucaron a la puerta tres almas cotillas que querían saber historias y cosechar una
memoria que nunca había sido recogida, la de los gays sitgetans que lo eran pero no lo sabían
cómo dice el grabado de Josep Maria Rosselló, dedicado a Zamora y a su eterno enamorado
José Constantínides, muerto de pena tres días después de la muerte de en Pepito.

Enric Julian guarda recortes y colecciona cuadros de Peter Todd Mitchell y de muchos otros artistas entre ellos Josep Bofill i Carme Albaiges, residentes coloniales de este Sitges que cada vez crece más y más pero que todavía conserva rincones estimados como la playa de los Balmins donde de buena mañana Enric Julian planta la toalla para disfrutar del mar, de las vistas y de las compañías de nuevos amigos italianos, ingleses o americanos, ay los americanos!


Y a pesar de que ya está jubilado de hace algunos años, su ánimo activo es joven como un niño de postguerra, sin importancia, que ha sabido transmitir conocimientos inéditos, vivencias de un Sitges gay y alborotado, de una playa risueña y de unos áticos donde la tarde y las noches se paraban a ritmo de jazz, de blues, de rock and roll, de vodka y de vermut.


En Julianen no ha perdido el tiempo se ha adaptado a los ritmos y a las nuevas tecnologías, alimentando sus bloques donde escribe y recopila todo aquello que le gusta o lo interesa.
Curioso como un niño que todavía es Julianen, un niño grande, un gran niño con el alma
generosa y corazón caliente del sol de Sitges y los pies llenos de arena de la playa de los Balmins. Él es un niño de la posguerra sin importancia hasta que lo descubrimos y le quisimos agradecer su hospitalidad, la generosidad que ha tenido, la paciencia de explicarnos cómo era la Sitges de antes de la pandemia, una Sitges gaya y un poco loca o alocada, con fiestas y saraos en casa de los amigos y con una Lili Barcelona y otros travestis que llenaron de magia la
Barcelona del franquismo, la Barcelona gris de Porcioles.

Con el premio Pepito Zamora queremos honorar la persona que es Enric Julian Falgà, un apóstol apóstata, el protagonista de la historia que queremos escribir para que este niño de la posguerra tenga la importancia que nosotros creemos que tiene en su humildad, en su pasar sin hacer demasiado alboroto pero sin dejarse pisar y reclamando aquello que corresponde: dignidad, alegría, el sexo de los ángeles y el Tartán del monos contra la mojigata del ensanche.

Quique gracias por todo y por más que nada.

Isidre Roset i Juan.