Una de las acepciones de la palabra dromedario se refiere a un trasto, o también a una joya, que es muy grande y pesada y que con gran dificultad se puede transportar y mover de un sitio a otro, la que más propiamente sirve de embarazo que de adorno, como puede ser un baúl, o un escritorio de gran volumen. Endimari tiene ese mismo significado en una acepción propia del hablar del Garraf. En consecuencia, la cultura dromedaria sería la inútil, aunque preciosa como una perla, y de grandes dimensiones, prácticamente inamovible o intransportable, un conocimiento incómodo o un discernimiento abarrocado comparable a aquellas lámparas de cristal con gran aparato de lágrimas, brazos y luces.
Dentro del festival LGTBIQ+ Endimaris Sitges 2025, la mañana del sábado y domingo 8 y 9 de noviembre tuvieron lugar las jornadas de memoria, territorio y comunidad con invitados como Madame Hiroshima, Txema Romero, Jordi Samsó, Yei Forero, David Matamoros, Ángel Hurtado entre los ponentes, y Pere Faura, Mauri, Eloi Biosca, Barda Petarda y la Pelos, Xikei, Arnau junto a los oyentes participativos. Las jornadas se han articulado en torno a tablas temáticas donde se ha tratado la complejidad y las problemáticas que diferentes asociaciones y entidades culturales abordan día a día haciendo cultura dromedaria, es decir, corriente siempre adelante con la joroba y como un camello ahorrando agua para atravesar el desierto (social), hablan en metáfora.
Parece que la cultura crítica molesta, como si fuera un endimari justamente, y está claro que desde las organizaciones de base, las de las personas voluntarias, sin ánimo de lucro, se está reivindicando el valor de la educación y del pensamiento disidente, y esto no gusta demasiado al poder constituido y al orden establecido, sea el Ayuntamiento, la Diputación o el gobierno autonómico de la Generalidad.

La sala Jofre Vila en el primer piso de la sociedad Casino Prado Suburense sirvió de ágora, mientras por la calle de Francesc Gumà desfilaban a mediodía los poetas y las herederas, los herederos y las poetisas acompañados por la banda Suburband. Los mundos paralelos existen y este es un caso palpable y real. Una tras otra, las comunicaciones lamentaban el estado actual de las ayudas, subvenciones y daban asco de las dificultades económicas que sufren asociaciones vivas promotoras de actividades con alma reivindicativa y programación doctrinaria. ¡Claro que sí! Adoctrinamiento crítico es lo necesario en un mundo monopolizado por el pensamiento único y el capitalismo liberal, que cabalga y corta cualquier intento de ventilación experimental o de humanismo. ¿Por qué los ayuntamientos, que son la administración pública más cercana y accesible, no apoyan a unas entidades que, en tanto que vivas, son las verdaderas programadoras y luchadoras, defensoras y conocedoras de la realidad del pueblo? La cultura está ligada a la disidencia. Las asociaciones, las sociedades recreativas, los casinos o los círculos son indispensables porque asumen los deberes y cubren las necesidades que no son cubiertas por la administración.
La memoria, en tanto que valor de cultura, debe servirnos para conocer de dónde venimos y cuáles han sido los grandes errores, las heridas abiertas a reconocer y procurar no repetir. El territorio habla también a través de paisajes no sólo geográficos sino también paisajes humanos como el de los viñedos de malvasía, la viña del Hospital de Sitges, una excepción dentro del voraginoso mercantilismo especulativo del suelo inmobiliario. La comunidad y la comunicación, dos prioridades humanas, pasan por encima de la cuantificación económica o de la evaluación numérica, lo vimos cuando cerraron las calles y nos pidieron que nos quedáramos en casa, no hace demasiado tiempo, mientras en los hospitales y en las residencias caían las máscaras y acontecía pandemia, masacre y miedo. Necesitamos tejer un cañamazo y bordarlo con hilo de seda dromedaria.